martes, 26 de octubre de 2010

Notas sobre cine y educación

Por: Christian Velásquez

Grupo Chaski


El cine como objeto de entretenimiento fue una constante desde la primera proyección pública, en aquellos lejanos años de 1895 en Paris, Francia. Se cuenta que la gente cuando vio la primera proyección se asusto, pensaba que era personajes que pronto saldrían de la pantalla y cobrarían vida, les fascino a los primeros espectadores que como un “espejo” reflejara las cosas de la vida cotidiana, el pasar de los carros, los ademanes de los viejos, etc…


La imagen se convirtió en espectáculo desde esa vez. De ser una acción de artesanos del arte al principio de los tiempos de cine, que iban de ciudad en ciudad presentándose en carpas; se convirtió en todo un sistema complejo industrial del entretenimiento, con manager, con actores profesionales, con cadenas de mando que copiaron a exactitud los modelos industriales de inicios del siglo XX, donde existía un jefe y un operario que cumplía órdenes, cadenas de mando, operaciones casi mecánicas, ideas fijas, etc…


Poco se pensó desde esa época en utilizar el cine como herramienta pedagógica explícitamente; los intentos de los antropólogos en utilizar el cine como elemento de documentación pueden ser considerados como ejemplar, en crear conciencia de conocimiento de paisajes inexplorados, culturas distintas, vidas extrañas a un citadino occidental; se avanzo bastante, pero fue cercado prontamente por el negocio, por la “cultura del entretenimiento” que lo cubría todo. Del cine entretenimiento se paso al cine propaganda, la utilización grosera para vender, esto ocurrió desde mediados del siglo XX hasta la fecha. Todo se podía vender a través de la pantalla, desde actitudes y sentimientos, pasando por lavadoras, carros y trajes. El cine solamente era una máquina de hacer dinero.


Ahora se trata de rescatar al cine, como elemento comunicativo, como apoyo, complemento o instrumento de trabajo educativo. Las imágenes en movimiento conectan el sentimiento con el conocimiento, la pasión con la razón. Se trata de motivar con las imágenes para generar procesos participativos de conocimiento y de crear sensibilidad crítica con las cosas que nos pasan. Más allá de pensar el cine como solo un ente de procesos racionales, el cine conmueve y promueve sensaciones, pensamientos y actitudes, hace llorar, molestarse, alegrarse, reírse…eso es la primera puerta del conocimiento; esos actos son la llave, que para un maestro sepa facilitar más conocimientos con una mirada crítica, democrática y pluricultural.


Por lo tanto este concepto de “cine y educación” tendría que ser parte de la curricula escolar. La lectura de imágenes en una herramienta de primera línea para este mundo de nuevas tecnologías y acercamientos a una cultura digital en marcha. Necesitamos actitud analítica, interpretativa y critica para estos tiempos, la tecnología hace posibles escenarios y contextos impensables hace pocos años.



O lo esperamos sentados, que se nos venga en avalancha, que nos cubra haciendo imposible movernos o lo esperamos preparados, con herramientas y con actitud crítica. Allí esta nuestro reto…y tu ¿por donde apuestas?

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