Somos un área del Grupo Chaski. Promovemos una práctica investigativa para el desarrollo audiovisual democrático y participativo en las comunidades. Ejercicio que para nosotros, esta aparejada a un nuevo concepto crítico-reflexivo de recepción y producción audiovisual. Conscientes de ir más allá de los formatos del cine y televisión comercial, trabajamos conjuntamente con nuestras comunidades para crear puntos de desarrollo comunal e impacto cultural que son los Microcines.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Material de trabajo audiovisual: LA CIUDAD DE LOS FOTOGRAFOS (2006)
Duración: 80'
Pais: Chile
Director: Sebastián Moreno
Productor: Viviana Erpel
Guión: Claudia Barril, Nona Fernández, Sebastián Moreno
Fotografía: David Bravo, Sebastián Moreno
Montaje: Teresa Viera-Gallo
Música: Manuel García, Silvio Paredes
jueves, 9 de septiembre de 2010
Notas de Investigación: Los públicos del Microcine
Christian Velásquez
Grupo Chaski
Una familia de escasos recursos cruzó la ciudad durante varios domingos consecutivos solamente para ir al cine y ver la película Gregorio en aquellos lejanos años de 1985. Cuando uno de los integrantes de los primeros “chaskis” se percato que estuvieron en varias funciones, se le acercaron y le preguntaron al padre de familia por qué lo hacían, este respondió que Gregorio levantaba el espíritu de su familia durante toda la semana, ya que si ese niño podía enfrentarse a la vida, ellos también lo podrían hacer.
Esta historia y otras, perfilaron la iniciativa de llevar el cine hacia la comunidad. Desde la instalación del primer Microcines se tuvo en claro que nuestro público es principalmente un público popular. Ese público que esta “mal atendido” por la oferta audiovisual que le rodea, un público marginado completamente por las lógicas del sistema económico por no considerarlo previamente un ciudadano con derechos culturales antes que solo un consumidor pasivo. Esto sustenta una suerte de “desencanto” y hastío con lo que existe audiovisualmente en la población. Pues bien, se necesita crear o apuntalar propuestas de búsqueda de alternativas audiovisuales que potenciarían su trabajo de organización y movilización por el derecho irrenunciable a la mejora de su calidad de vida.
Es a este público que tenemos que llegar; público que siente la necesidad vital de ver alternativas que le ayuden a fortalecer su trabajo comunitario y social; a ONG`s con conciencia social, que vean en el audiovisual una herramienta para llegar con más fuerza a la comunidad; a movimientos sociales que vean en nuestras películas que en sus luchas por una vida mejor no están solos, y que hay miles como ellos batallando y buscando alternativas a lo existente; y personas que desean tener la experiencia de apreciar un cine diferente, un cine donde exhibe la diversidad y riqueza cinematográfica de los pueblos latinoamericanos y del mundo.
Es difícil y poco probable involucrarnos con unos públicos aburridos y a personas que solo ven al cine como un medio elitista de distinción social. A esas personas no queremos llegar. Llegaremos a quienes deseen fervientemente tener entre sus manos un “tesoro” audiovisual y quieran trabajar con ella. Nosotros alguna vez nos preguntamos ¿Qué hacer con este material? Y encontramos la respuesta en las comunidades organizadas, en los barrios, en nuestras calles. Esta respuesta nos anima a seguir adelante, y a unir elementos antes separados: una herramienta audiovisual y un público interesado.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Textos de Trabajo: El cine participa del desasosiego general de la cultura por Glauber Rocha
“Su técnica (la del Cinema Novo) es imperfecta; su drama, disonante; su rebelión poética; su sociología, imprecisa. Su política es agresiva e insegura, como lo
son los frentes políticos brasileños: tristes, violentos, de hecho más tristes que violentos, como nuestro carnaval. Para nosotros, novedad no significa perfección, porque la noción de perfección es un concepto heredado de las culturas colonizantes. Determinan por sí mismas un concepto de perfección en los intereses de un ideal político. El verdadero arte moderno —ética y estéticamente revolucionario— usa el lenguaje para oponerse al lenguaje dominante. Si el complejo de culpa de los artistas burgueses los lleva a oponerse a su propio mundo, en nombre de esa conciencia que el pueblo necesita pero no posee, la única salida es oponerse mediante la agresividad impura del arte, o las hipocresías morales y estéticas que conducen a la alienación. (…)”
“Un país subdesarrollado no tiene necesariamente un arte subdesarrollado. Creer que el arte que puede cambiar verdaderamente las cosas es a un tiempo ingenuo y reaccionario: el Cinema Novo, que participa del desasosiego general de la cultura brasileña, rechazó el populismo y redujo así las posibilidades de manipulación del público a éste. ¿Es la esfinge capaz de elegir su propio camino? Mientras todos hablan de comunicación, el Cinema Novo se preocupa más por la creación. ¿Son cine y creación reconciliables? La mayor parte de los observadores responden que el cine es un arte de comunicación y nada más. Para estos observadores, creación se opone a comunicación. Los apóstoles de la comunicación nunca pueden disponerse a preguntar: en cuántos niveles se produce la comunicación y, sobre todo, si es comunicación verdadera. (…)
“Como Lumiere, el Cinema Novo comienza en cada film de la nada. Cuando los cineastas se deciden a repensar los orígenes, a crear un cine con nuevos argumentos, —como interpretación, incluso como poesía- se ven envueltos en la peligrosa aventura revolucionaria de aprender mientras trabajan, de colocar la teoría junto a la práctica, de reformular la teoría después de cada experiencia práctica. Actúan, de hecho, del modo en que Nelson Pereira dos Santos describe, citando a algún poeta portugués: “No sé a dónde voy, pero sé que no es ahí".
“Los que antes me han llamado genio, ahora me llaman imbécil. Devuelvo la genialidad y la imbecilidad. Soy un intelectual subdesarrollado como sus señorías, pero frente al cine y la vida tengo al menos el valor de proclamar mi perplejidad. El cine no me interesa de la manera que les interesa a ustedes. El cine es para mí un medio, incluso para mi suicidio, pero también podría ser una pistola. Yo tengo el valor de apretar el gatillo, ustedes no tienen siquiera la humildad de analizar un film nuevo que no respeta las ideas tradicionales de los maestros del cine, que han formado su tranquilo aprendizaje. De hoy en adelante los dispenso de su opinión sobre mis filmes pasados y futuros. Con la seguridad de quien afronta sus propios riesgos hacia un camino que no es ni el del servilismo, ni el de la impotencia, ni el de la contemplación, les contesto con una frase de mi amigo y maestro Heitor Villalobos: “Mis obras son cartas a la posteridad, de las que no espero respuesta”. Terra em transe no es genial porque no es de ninguno de aquellos cineastas que les gustaría encontrar para hacer sus indagaciones y sus morbosos análisis. Terra em transe soy yo, Glauber Rocha, de 28 años, brasileño, probablemente víctima de algunas enfermedades físicas y mentales contraídas de nuestra fauna y flora. Entre la gloria de Deus e o diabo na terra do sol y el fracaso de Terra em trase , quien queda soy yo: no hago filmes, estoy construyendo una obra. La historia sin comienzo ni final, llena de sonido y de furia y que no significa absolutamente nada, tiene más significación que sus teorías generadas en la vejez de sus mitos infantiles. No ha sido necesario que ciertos críticos internacionales, en Cannes, dieran un premio a Terra em transe para que yo tuviera certeza acerca de la originalidad y la significación de este film. No profeso respeto alguno por la cultura europea y, al mismo tiempo, considero que nuestra cultura comienza desde cero. Comienza de la historia generada por el hambre.
“El cine del Tercer Mundo, en la medida que es colonizado filosóficamente por la mala asimilación del marxismo, es colonizado lingüísticamente por las superestructuras estéticas. La influencia del estilo de fotografía, montaje y dirección de los actores del cine latinoamericano revela constantemente sumisión a los métodos de la Nouvelle Vague, del Neorrealismo y menos del cine americano, debido a las imposibilidades económicas de imitarlo. Un cine no puede ser descolonizador si usa el lenguaje colonizador: zooms, estilo de montaje fragmentado de efectos visuales, cámara en mano, montaje de textos escritos, uso literario y sonoro que se limita a las viejas prácticas de Resnais y Chris Marker (del documental) y prácticas de Truffaut, Godard (con las diferencias que cada estilo presenta), vinculación humanista al Neorrealismo o en la consideración de cineastas recolonizados por los americanos, Gavras, Petri, Rosi. El salto de cualidad de la estética imperialista se concreta en la medida en que la sofisticación de Hollywood sabe por ejemplo que es “moderno” hacer películas con Bertolucci, considerado el mejor director del mundo en el momento.
“Para el cine revolucionario no existen fronteras culturales o ideológicas. Desde que el cine es un método y una expresión internacional y desde que este método y esta expresión están dominados por el cine americano asociado a los grandes productores nacionales, la lucha de los verdaderos cineastas independientes es internacional. Los cineastas independientes se deben organizar en una lucha común. No existe poder cultural sin poder económico y político. La finalidad de los cineastas independientes debe ser la de conquistar el poder de la producción y de la distribución en todos los países. (…) Los cineastas independientes deben producir películas que provoquen en el público un choque capaz de transformar su educación moral y estética realizada por el film americano. Esta revolución no es obra de un film, sino de toda una producción internacional permanentemente revolucionaria. Por eso, los grupos nacionales organizados deben relacionarse internacionalmente para facilitar la coproducción y la distribución. Esta organización internacional debe tener funciones con responsabilidad y sacrificio. Para ello es necesario que la crítica también actúe sobre los cineastas y sobre ella misma, transformando los conceptos académicos y mitológicos del cine, casi todos fundados sobre la eficacia colonizadora del cine americano. La lucha debe ser estética, económica y política.
“Es necesario que el concepto de productor capitalista sea transformado por el concepto de productor-creador, o sea, un profesional especializado en organizar la producción de una película en términos de participación igual a la de los demás técnicos y artistas especializados. Así, el contacto entre el producto/film y el exhibidor, debe ser directo. Las organizaciones de distribución deben ser controladas y puestas al servicio de los nuevos productores.”
Extraído del Portal de Cine y del Audiovisual latinoamericano y Caribeño
http://www.cinelatinoamericano.org/texto.aspx?cod=1681