Christian Velásquez
Grupo Chaski
Una familia de escasos recursos cruzó la ciudad durante varios domingos consecutivos solamente para ir al cine y ver la película Gregorio en aquellos lejanos años de 1985. Cuando uno de los integrantes de los primeros “chaskis” se percato que estuvieron en varias funciones, se le acercaron y le preguntaron al padre de familia por qué lo hacían, este respondió que Gregorio levantaba el espíritu de su familia durante toda la semana, ya que si ese niño podía enfrentarse a la vida, ellos también lo podrían hacer.
Esta historia y otras, perfilaron la iniciativa de llevar el cine hacia la comunidad. Desde la instalación del primer Microcines se tuvo en claro que nuestro público es principalmente un público popular. Ese público que esta “mal atendido” por la oferta audiovisual que le rodea, un público marginado completamente por las lógicas del sistema económico por no considerarlo previamente un ciudadano con derechos culturales antes que solo un consumidor pasivo. Esto sustenta una suerte de “desencanto” y hastío con lo que existe audiovisualmente en la población. Pues bien, se necesita crear o apuntalar propuestas de búsqueda de alternativas audiovisuales que potenciarían su trabajo de organización y movilización por el derecho irrenunciable a la mejora de su calidad de vida.
Es a este público que tenemos que llegar; público que siente la necesidad vital de ver alternativas que le ayuden a fortalecer su trabajo comunitario y social; a ONG`s con conciencia social, que vean en el audiovisual una herramienta para llegar con más fuerza a la comunidad; a movimientos sociales que vean en nuestras películas que en sus luchas por una vida mejor no están solos, y que hay miles como ellos batallando y buscando alternativas a lo existente; y personas que desean tener la experiencia de apreciar un cine diferente, un cine donde exhibe la diversidad y riqueza cinematográfica de los pueblos latinoamericanos y del mundo.
Es difícil y poco probable involucrarnos con unos públicos aburridos y a personas que solo ven al cine como un medio elitista de distinción social. A esas personas no queremos llegar. Llegaremos a quienes deseen fervientemente tener entre sus manos un “tesoro” audiovisual y quieran trabajar con ella. Nosotros alguna vez nos preguntamos ¿Qué hacer con este material? Y encontramos la respuesta en las comunidades organizadas, en los barrios, en nuestras calles. Esta respuesta nos anima a seguir adelante, y a unir elementos antes separados: una herramienta audiovisual y un público interesado.
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